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Soy un traidor.

Quisiera hablarte de tu origen…

Mi inclino a creer en lo increíble, no me basta la mentira de tu concepción a través de mi costilla, no me basta la investigación rigurosa de tu nacimiento y evolución. Tú debes ser algo más mítico y etéreo, tienes que serlo. Permíteme inventarte un génesis, quisiera regalarte una historia…

Sin duda naciste con la luz del primer rayo de luz en la tierra, no naciste con tu cuerpo, para conocer tu disfraz humano necesitarían pasar centenares de millones de años. Tu primer pensamiento fue el viento, y por ello la brisa me inunda de pensamientos tuyos. Tu primera risa fue el sonido de la lluvia, pues la escucho en susurros cuando golpea mi ventana. Tu primera mirada fue indudablemente la luna ¿Existe un portal más infalible al alma ajena que la luna? Es por eso que decidiste que fuera tu luz de noche. Tú primer grito de ira fue el rugido del sol en el desierto; suficientemente cálido para añorar su poder en los momentos más fríos pero a la vez caluroso para querer cubrirte de él en una sombra. Tu primer amor…  la naturaleza, los árboles, los peces, los animales y por supuesto las flores. ¿Será que sabías que serían el regalo de los amantes? Después de años de cultivar tus sentimientos, decidiste formar parte de tu juego. Hiciste tus propias reglas y te encadenaste a un cuerpo. Llegaste al mundo con la idea del infinito, la idea de una mitad buscando otra mitad. Tenías todo en su lugar, entonces decidiste jugar sucio con nosotros, con la contraparte que privaste de tu belleza inherente. Secretamente creaste esclavos con la ilusión de libre albedrío. Los hechizaste, nos hechizaste. Nos diste una adicción adherida al alma. Sabías que surcaríamos los cielos para escribir tu nombre. Sabías que penetraríamos la tierra para encontrar una piedra tan brillante como tus ojos y poder obsequiarla a cambio de tu aprobación. Sabías que serías comparada con el hambre, con la necesidad de respirar. Hiciste nuestros brazos a tu antojo, sabiendo que serían tu hogar. Nos diste altos y nos diste bajos, y al final nos distinguiste con ese símbolo de hombría que usarías para mantenerte radiante con diversión disfrazada de agonía. Tú te hiciste perfecta, te diste suavidad y puliste tu silueta, bañaste tus labios con magia, peinaste tus pestañas con suspiros y enceraste tu mirada con el brillo del amanecer. Cubriste tu pecho con sencilla hermosura, que justificaste como alimento para las pequeñas criaturas. Justo al final, y solo para asegurarte que harías perder al hombre hasta su última gota de cordura, te diste un cáliz al que encomendaste el milagro de la vida y confiaste los deseos desesperados del amor. Pero tu plan no salió justo como pensabas, no tardamos mucho tiempo en darnos cuenta. Vimos la trampa en tu andar. Nos revelamos contra ti, nos burlamos de tu superioridad y te apartamos al rincón de las máquinas, de los objetos, simplemente porque no podíamos aceptar, no queríamos aceptar tu supremacía. Te dimos tareas y un lugar, te dimos código de vestimenta y modales, te dimos exigencias físicas y guardamos tu libertad en un anillo. Amo y esclavo cambiaron papeles. Así es como termina la historia. Así llegaste a ser lo que eres.

Pero se que no te basta ese final…

Ser lo que soy.

Quiero ser lo que soy. Quiero que cada decisión que tome, cada acción que realice, cada paso que de, sea mío. Quiero dejar de tener miedo a lo que soy y a lo que no soy. Quiero querer lo que soy, y que alguien más también lo quiera. Desde hoy, soy lo quiera, desde hoy, soy lo que soy.

El acertijo.

Crecer es escribir con los ojos vendados, un libro de respuestas a preguntas que no sólo existen en el génesis de la respuesta.

En un libro vacío, cada letra es un nuevo aprendizaje.

En un libro vacío, cada punto final es preámbulo de una nueva frase.

En un libro vacío, cada giro inesperado es un consejo.

Y cuando terminamos el libro, leerlo es como amar a un fantasma.

El libro se une a los estantes de la librería más extensa del mundo, dónde solo es útil si es compartido. 

Crecer es resolver el mejor acertijo que nunca te pidieron encontrar.

Ensayo sobre la estupidez.

No hay solución linda, no hay ninguna. No para nosotros. Te quiero, definitivamente te quiero, te quiero como no he querido a nadie, de ese tipo de querer que es difícil de diferenciar de la obsesión. Si no digo que te amo es por que no quiero sentirme como un hipócrita oportunista y por que no decirlo es lo único que me mantiene cuerdo. Me has hecho sufrir lo suficiente como para aprender a segur respirando sin ti, pero tú tienes una parte de mi felicidad que no he podido remplazar nunca, y el profundo miedo que tal vez no podré encontrarla en otro lugar es opresivo, es escalofriante, prefiero no pensar en ello. Incluso después de que el mundo me ha enseñado en mi corta vida que nada es irremplazable, tú tomas ese argumento y lo fragmentas como un espejo roto. Somos todos unos egoístas, también lo soy, también lo eres. Buscamos felicidad y la queremos toda para nosotros. Todos queremos ser el número uno. El problema es que quiero tu felicidad por que de una manera egoísta, tu felicidad me hace feliz. Pero quiero mi felicidad individual también, y entra en conflicto con la tuya. Entra en conflicto desde que caí, desde que destruí la imagen de príncipe azul por la que muy intensamente luché. Abdiqué al trono, renuncié voluntariamente pero en contra de mi voluntad. Es difícil de pensar amor, es más difícil que lo comprendas, pero en la búsqueda de mi propia felicidad encontré una salida fácil a problemas que para mi eran como contar cada grano de arena, para cuando hubiese terminado de contar, ya hubiese olvidado el propósito o ya no lo hubiese querido como lo quería al principio. Eso era lo que pensaba, y la curiosidad mato al gato una vez más. Podría dejar de lado las palabras inspiradoras y empezar a argumentar con complicadas fórmulas científicas y cuestiones técnicas difíciles de comprender para la filosofía, que irónicamente no es totalmente de mi agrado, pero mejor te digo claramente: Me equivoqué, me equivoqué inconmensurablemente, me equivoqué como todos los humanos se equivocan a cada minuto en sus vidas, pero me equivoqué en un juego de todo o nada. Arruga un pedazo de papel y por más que quieras dejarlo sin arrugas, cuando lo desdobles no se habrán ido. La confianza se gana muy lentamente y se pierde en un segundo. La confianza es tan frágil como la vida y tan valiosa también. Pelee por ti, hice cosas increíbles por ti aún después del sufrimiento que me hice pasar en tu honor, pelee cada vez que mi cerebro pasaba por estas mismas cuestiones de nuevo. Pero algo ha cambiado, ya no he sido sólo yo, tomaste valor y me dijiste que me fuera. Y para serte sincero, siempre que las cosas se pusieron difíciles, yo fui el que pelee por ti. Tal vez me equivoque, pero jamás peleaste por mi, nunca nadaste contra la corriente, siempre fuiste en el sentido del río. Yo como soy muy necio, siempre nadé a contra corriente, excepto esta última vez. Como sea, ahora podemos estar de acuerdo en que no merezco que luches por mi. Tienes mil y un argumentos y cada uno más valido que el anterior. Tu familia no quiere verme, tus amigos te dicen que te alejes de mi, tu cerebro te dice que me odies, y yo sé el daño que causo en ti. Es por eso que tomo esa última decisión tuya y me obligo a asimilarla, como una pastilla gigante con dificultades para pasar por mi garganta y con un sabor amargo y asqueroso, pero que promete a la larga curar el dolor. Lo único que me quedaba era ser optimista, mi optimismo que viene en muchas formas. ¡Siempre viene algo mejor! ¡Adiós al drama! ¡Abajo lo viejo! ¡Basta ya de restricciones! soy libre de ir a aquel lugar con aquella persona y hacer aquello que se me antoje de mi vida. ¡Come y toma todo lo que puedas! No importa el sabor o la calidad, mientras te quite el sabor de la amarga medicina. Pero como podrás imaginar, comer por necesidad es como sobrevivir sin estar viviendo. Tu eres algo especial, algo que raya en lo instintivo. Mi mente puede pensar fríamente, calcular y concluir que eres una causa perdida y que no hay razón para estar triste. Pero llegas con tu sonrisa asesina y conviertes cada argumento en tus esclavos personales. Revuelves mi mente con sólo escuchar tu voz o leerte en algún lado. Tiempo, esa es mi utopía. Tu encuentras a alguien que te hace feliz, yo encuentro a alguien que me hace feliz. Pero al final del día tu y yo nos damos cuenta que somos parte uno del otro y puesto que ya los fantasmas del pasado no te persiguen, volemos a ser tú y yo. Pero como cada utopía, es muy o totalmente improbable. Ya conoces este dilema, si tu corazón cura tus heridas, tu corazón te cura de mi, ¿o no? No podemos ser felices juntos, no podemos ser felices sin el otro. No podemos ganar. Pero yo debería pagar los platos rotos, sólo yo. No mereces este sufrimiento, nada de lo que hiciste antes puede justificarlo.

¿Cómo escribo ahora el final a este ensayo?

Quiero dejarte ser feliz, de verdad quiero, sin duda alguna quiero tu felicidad, eso haría una parte de mi increíblemente feliz pero al mismo tiempo haría otra parte de mi increíblemente miserable. Pero ésta es mi justicia, lo que quisiera para ti sin pensar en mi. Tu encuentras a alguien que te quiere más que yo, que te hace más feliz que yo y que te hace olvidarme totalmente. Yo no encuentro nada ni aunque busque debajo de las piedras, sufro por ti hasta que el karma decida que ya soy suficientemente miserable para salir de ese agujero y entonces, sólo entonces ya con mi deuda saldada, tú y yo ganamos, sin el otro pero victoriosos al fin.

Sin embargo simplemente no puedo ignorar a mi corazón y a mi mente cuando ruegan por felicidad, me prometí no volver a ser infeliz, y es precisamente por eso que escribo cosas como esta. Liberación, desahogo e incluso a pesar de todo lo que hemos vivido…

esperanza inútil.

A&A

Par de ecos

Fui lluvia a tu verano, fuimos pan, fuimos vino
tu boca fue casualidad, tu corazón fue destino

Se quejan las paredes del sonido, han dejado de escuchar
Pero el eco no ha cedido y tampoco ha cedido su par

Podrás ver en el retrato un día un rostro diferente
Antes fuiste artista pero ya no pintas el presente.

Los tulipanes no florecen en octubre, aunque pidas que vuelva
La primavera no distingue entre el bosque, desierto y selva.

No confíes en una luna mientras haya más botellas
Te dejará queriendo luz, aunque te jure las estrellas.

No necesitas una venda si aprendes a cerrar los ojos,
Y dile al rey de tu castillo que cuide de sus antojos.

Te inventarás una búsqueda y seré silenciosa fricción
Si avanzas abriré camino, cual si quedara otra opción

Más como la noche es joven y nadie cuenta los días
Lee un pequeño verso por si amabas o querías.

Fuiste huésped de mis brazos pero habitas mi corazón
Orion envidia tu nombre por volverte constelación.

Se acaba ya la fiesta, el reloj ordena, el lugar se vacía,
Y aunque rompí algunas copas, el brindis lo merecía.

Sólo tu corazón, a cambio del mío.

“¿Recuerdas que te dije que sé poco del amor? Pues no es verdad. Sé, sé mucho del amor… y lo he visto, he visto siglos y siglos de amor. Era lo único que hacía soportable contemplar vuestro mundo. Observar tantas guerras, mentiras, dolor y odio. Me daban ganas de no volver a mirar hacia abajo… ¡Pero entonces veías cómo quiere el ser humano! ¡Podía buscar en los confines más remotos del Universo y jamás encontrar algo más hermoso! Por eso, sí, sé… sé que el amor es incondicional, pero también sé que puede ser… imprevisible, inesperado, incontrolable, insoportable y… aunque resulte extraño, es fácil de confundir con el odio. Y… lo que intento decirte Tristan, es que… ¡creo que te amo! ¡Noto mi corazón como si, si mi pecho apenas pudiera contenerlo! No sé, es… como si no me perteneciera a mí porque te pertenece a ti. Y, si lo quisieras, no desearía nada a cambio de él; ni regalos, ni bienes, ni demostraciones de devoción. Nada salvo saber que tú también me amas. Sólo tu corazón a cambio del mío.”

Exceptisismo.

El término “fe ciega” es una redundancia, pues la fe es siempre ciega.

La fe es cuestión de geografía.


Un mito es una religión en la que ya nadie cree.

Una creencia no es verdadera porque sea útil.

Argumentar con una persona que ha renunciado a la lógica, es como dar medicina a un hombre muerto.

La verdad no demanda creencias. Los científicos no unen sus manos cada domingo, cantando ‘¡Sí, la gravedad es real! ¡Tendré fe! ¡Seré fuerte! Creo en mi corazón que lo que sube tiene que bajar. ¡Amén!’. Si lo hicieran, pensaríamos que están bastante inseguros de ello.

Cuando los creacionistas hablan acerca de Dios creando cada especie individual como un acto separado, ellos siempre se refieren a los colibríes, o las orquídeas, los girasoles y organismos hermosos. Pero, en lugar de ello suelo pensar en un gusano parásito que barrena a través del ojo de un niño sentado en un banco de un río de África occidental. Un gusano que está dejándolo ciego. Y [les preguntó a los creacionistas] ¿están diciéndome que el Dios en el que ustedes creen, el cual dicen es un dios de misericordia, que cuida de cada una de sus criaturas, creó este gusano que no puede vivir en otro lugar diferente que en el globo ocular de un inocente niño? Porque eso no me parece que coincida con un dios lleno de misericordia.

Los misioneros salen al mundo a cristianizar a los salvajes — como si los salvajes no fueran ya suficientemente peligrosos.

La religión es probablemente el cuento chino más grandioso jamás contado. Piensen en esto: la religión realmente ha convencido a la gente de que hay un hombre invisible… que vive en el cielo… que observa cada cosa que hacemos, cada minuto de cada día. Y el hombre invisible tiene una lista de diez cosas especiales que no quiere que hagas. Y si haces alguna de estas diez cosas, tiene un lugar especial lleno de fuego y humo y quemazón y tortura y angustia donde va a enviarte para vivir y sufrir y quemarte y atragantarte y gritar y llorar para siempre hasta el fin de los tiempos… pero te ama.

La incompatibilidad entre ciencia y religión es simplemente ésta: un científico no creerá nada hasta que lo vea; un hombre religioso no verá nada hasta que no crea en ello.

Dios dice haz lo que quieras, pero toma la decisión incorrecta y serás torturado por toda la eternidad en el infierno. Esto, señor, no es libre albedrío. Sería semejante a un hombre que le dice a su novia: haz lo que desees, pero si eliges dejarme te seguiré el rastro y te volaré los sesos. Cuando un hombre dice esto, lo llamamos un psicópata, y pedimos a gritos que sea encarcelado o ejecutado. Cuando Dios dice esto mismo, lo llamamos ‘amor’ y construimos iglesias en su honor.

La realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ella, no desaparece.

No se puede razonar con los fanáticos. Hay que ser más fuerte que ellos.

El mismísimo concepto de pecado viene de la Biblia. ¡El cristianismo ofrece solucionar un problema que él mismo creó! ¿Estarías agradecido a una persona que te cortara con un cuchillo para poder venderte una venda?


Es una de las supersticiones de la mente humana imaginarse que la virginidad pueda ser una virtud.



La religión es lo que evita que los pobres asesinen a los ricos.

Yo digo que ambos somos ateos. Yo sólo creo en un dios menos que tu. Cuando entiendas porqué tu deshechas todos los otros posibles dioses, entonces entenderás porqué yo deshecho el tuyo.

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